Esos jugadores que aparecen de vez en cuando en el fútbol argentino antes
era común verlos a la vuelta de cualquier esquina, en cualquier baldío
despuntando el vicio de la pelota. Pero hoy se hizo tarea difícil divisar esta
estirpe. Cada vez son menos, para ser sinceros. Los espacios se fueron
achicando, la ciudad fue ganando terreno y nos fue sacando el verde, la tierra
y a esos pichones que crecían gastando entre sus pies las medias rellenas de
papel utilizadas como pelota. De ese linaje es este jugador, Pisanito.
Matías llegó al mundo y aterrizó en Villa Ballester el sábado 13 de
diciembre de 1991 y vaya con los caprichos del destino, seis días después se
retiraría del fútbol profesional uno de los últimos ídolos que pisó nuestros
estadios argentinos y, que con su pequeña figura hizo delirar a la parcialidad
de Independiente por dos décadas, el maestro Ricardo Enrique Bochini. Y nada es
casualidad, dicen los expertos, este chico creció con ese juguete preciado por
todos los chicos, la redonda ilusión en el equipo del barrio de baby, la
Sociedad de Fomento Fernando Hidalgo, en el barrio de José León Suárez. De allí
a base de quiebres de cintura, amagues y pelota al pie pasó fugazmente por las
inferiores de Chacarita en donde llegó el ansiado debut en primera división con
tan sólo 17 años en esa tarde fría del 20 de junio del 2009 frente a Almagro y
en la cual anotó un gol.
Vinieron los tiempos difíciles, pero ‘el Mago´ como le llaman sus amigos,
no dejó de hacer sus trucos, aunque lo intentaran desanimarlo, como Héctor
Rivoira, que lo mandó a jugar a la cuarta. Siguió como siempre, como nunca…
volvió y en la temporada 2013 la rompió anotando 10 goles en 33 partidos para
comandar a Chaca que peleó el ascenso. Allí se posaron los ojos del club de
Avellaneda, aquí viene la parte predestinada con el otro duende, el otro mago
de la pelota.
En julio de ese 2013 se calza la roja de Independiente, que hacía su presentación
en la B Nacional por primera vez en su historia. El estilo gambeteador y atrevido
del Enano, así lo bautizaron inmediatamente en el rojo, los hacía parar a los
plateístas del rojo, trayéndoles a la memoria a aquél otro bajito que también
con sus 22 años desparramaba rivales en el piso allá por 1975, increíble pero
real. Fisonomías similares, la pelota como la prolongación de sus cuerpos, esa
gambeta saltarina, ese andar desarropado.
Hoy en día Matías Pisano está luchando por la titularidad en el equipo de
Mauricio Pellegrino, será que no lo entendieron, que este crack tiene que ver
con la historia que demandaba este club. Ya nada parece importar, ya esas son
cosas menores, dicen los resultados y los que viven pendientes de los números,
los que manejan el fútbol. Ellos mandan, pero en cuestiones prácticas de jugar
a la pelota Pisanito tiene nuestro guiño, nuestro aplauso, y el ‘leiv motiv´ de
ir a una cancha de fútbol, el esperar ver algo distinto, eso que él sabe hacer,
y que hoy en día sean los menos…
En aquellos días del Bocha, su magia era la razón para sacar una entrada e
ir a ver al rojo, hoy en día sucede con Pisano. De su estilo no abundan, pero
cuando juegan hacen parar a la platea a ver que inventan… y generan eso que es
la esencia misma del fútbol, lo impensado.
M,P,
M,P,

